Un viaje a la prehistoria

A mitad de camino entre las localidades de El Calafate y El Chaltén, el Bosque Petrificado La Leona propone descubrir los misterios de la prehistoria. En plena estepa patagónica, la enorme depresión del terreno invita a realizar una caminata de exploración entre fósiles de árboles y dinosaurios.

La región comprendida entre las ciudades de El Calafate y El Chaltén, en Santa Cruz, posee una gran cantidad de tesoros fósiles, testimonios de tiempos remotos, cuando el clima era distinto y los dinosaurios caminaban por estas tierras. La zona, conocida como Bosque Petrificado La Leona, es el paraíso de los arqueólogos, paleontólogos y geólogos.

Unos minutos después de las 9, Claudio Schurer Stolle, guía de Morresi Viajes, pasa a buscarme para ir hacia este enigmático sitio. Se presenta como “el Gringo”. Una mirada me basta para confirmar que el apodo calza a la perfección con sus ojos celestes y su tez clara.

Me sumo al pintoresco grupo que aguarda arriba del transfer y partimos hacia el Bosque Petrificado La Leona. Dejamos atrás el centro de El Calafate y los bellos glaciares. Tomamos la Ruta Provincial 11 hacia el este, para luego empalmar con la mítica Ruta Nacional 40. Un poco más adelante, cruzamos el río Santa Cruz, que nace en el Lago Argentino y desemboca en el Océano Atlántico. Inmersos en la estepa patagónica, comenzamos a bordear el Río La Leona, que nace en el Lago Viedma.

Parador La Leona 1

Vislumbramos los restos de un observatorio astronómico construido en 1950 y, luego de unos 5 kilómetros, arribamos al Parador La Leona, ubicado sobre la Ruta Nacional 40, a orillas del río homónimo. Fue en las costas de este magnífico curso de agua donde una hembra puma (denominada “leona” por los lugareños) atacó al perito Francisco Pascasio Moreno en 1877. De aquel incidente, que casi le costó la vida la explorador, surgió el nombre con que se bautizó al río.

En 1894, ante el permanente crecimiento de los establecimientos agropecuarios de la zona, el Gobierno Nacional mandó a construir la primera balsa para el traslado de los colonos, animales y mercaderías, desde y hacia la costa Atlántica. Por aquellos años, una familia de inmigrantes dinamarqueses, los Jensen, iniciaron la construcción del Parador y Hotel de Campo La Leona.

Parador La Leona

Declarado Patrimonio Histórico y Cultural de la Provincia de Santa Cruz, este emblemático sitio se encuentra a 110 kilómetros de El Calafate. Un cartel de madera nos indica a cuánta distancia nos encontramos de las catorce capitales más importantes del mundo. Aprovecho la breve pausa para recorrer esta construcción de techo rojo y paredes color crema, mientras otros viajeros degustan algunas de las tortas que les ofrece la cocinera. Finalizados los quince minutos, retomamos nuestro camino.

Nos detenemos una vez más para apreciar la majestuosa vista de la Cordillera de los Andes, mientras Claudio nos enseña los nombres de los distintos cerros y nos relata anécdotas del lugar.  Desde allí, un camino sin asfaltar nos conduce hasta la tranquera de la Estancia Santa Teresita, una propiedad privada dedicada a la cría de ovejas. Nuestro guía nos recuerda que aquí “el sol pega muy fuerte”, por lo que nos aconseja ponernos protector solar.

Nos detenemos al pie del Cerro Los Hornos y antes nuestros ojos aparece una enorme depresión natural de unas 800 hectáreas, que se abre en plena estepa patagónica. El paisaje, que del antiguo bosque sólo conserva troncos fosilizados, dibuja formas atractivas -producto de la erosión eólica e hídrica- que invitan a dejar volar la imaginación.

Bosque Petrificado La Leona 5

Nos despedimos del chofer y empezamos a descender por senderos laberínticos, puentes colgantes y escaleras estrechas.  A los pocos minutos de andar, “el Gringo” nos indica el sitio donde el paleontólogo Fernando Nova, junto a otros investigadores del Conicet, descubrió el Talenkauen -en lengua tehuelche significa “cabeza chica”- santacrucensis. Este pequeño dinosaurio herbívoro, del cual se encontró casi el cien por ciento de los restos fósiles, vivió a mediados del período Cretácico, hace unos 70 millones de años.

“Todo lo que era orgánico desapareció y la naturaleza se encargó de copiarlo”, explica nuestro guía mientras nos enseña dos piedras, correspondientes a lo que fueran un hueso y un trozo de tronco. De la paleontología pasamos a la botánica. Claudio nos muestra distintas especies vegetales típicas de la región, como yareta, paramela, mata guanaco, mata negra y lengua de fuego, entre otras. Luego de más de una hora de caminata, llegamos al sector donde se encuentran los troncos petrificados, piezas únicas, que en algunos casos poseen un diámetro de 1,20 metros.

Bosque Petrificado La Leona 10

Tras una breve pausa para comer, retomamos la exploración del terreno, custodiados por formaciones irregulares que contrastan con un cielo celeste. A la distancia, observamos cuevas misteriosas, que constituyen el refugio predilecto de los pumas. Cuando alcanzamos la parte más profunda del cañón, las paredes parecen haber cobrado una altura colosal. El paisaje es digno de las películas de Indiana Jones; sólo falta el mecanismo secreto para lograr que el estrecho sendero comience a cerrarse sobre nosotros.

Luego de tres horas de caminata, iniciamos el ascenso desde las profundidades de la tierra. Recién cuando alcanzo la camioneta tomo verdadera conciencia de las dimensiones del lugar. ¡La visión es impresionante!

Bosque Petrificado La Leona

De vuelta en el Parador La Leona, me despido de “el Gringo”, el chofer y el resto del grupo. Ellos regresan a El Calafate y yo parto rumbo a El Chaltén. Con la Cordillera de los Andes como guía, me dirijo hacia ese paradisíaco pueblo de montaña.

 

Texto y fotos de Gabriela Naso.

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