Cabildo: testigo de la historia

Ubicado frente a Plaza de Mayo, en Bolívar 65, el Cabildo de Buenos Aires es uno de los grandes tesoros patrimoniales de la Nación, pues fue un actor central en el proceso político iniciado con la Revolución de Mayo de 1810.

Desde la fundación de Buenos Aires en 1580, el solar frente a la plaza del Fuerte estuvo destinado a Cabildo y Cárcel. Tras la propuesta del Alcalde-Ordinario, Capitán Manuel Fría, en 1608 se inició la construcción de una edificación muy simple y precaria que, debido a la pobreza de aquellos años, fue finalizada en 1612. Recién en ese momento los cabildantes dejaron de reunirse en las edificaciones del Fuerte y comenzaron a hacerlo en el solar elegido por Juan de Garay.

Esta humilde construcción de adobe, pese a ser refaccionada en 1621, debió ser abandonada ante la amenaza de derrumbe en 1632. Recién en  1711 la Corona encargó su reconstrucción al arquitecto jesuita padre Juan Bautista Prímoli. El nuevo edificio comenzó a edificarse en 1725, según el proyecto diseñado por  el arquitecto jesuita Andrés Blanqui. El avance fue lento y la obra fue finalizada en 1751. La torre, erigida en 1763, contó con  el primer reloj de la ciudad.

Cabildo 11

En 1776 la corona española creó el Virreinato del Río de la Plata, con capital en la Ciudad de Buenos Aires. La institución buscaba frenar el contrabando que tenía lugar en torno al puerto, pero quienes habían amasado una pequeña fortuna no estaban dispuestos a desprenderse del negocio. Así nació lo que luego se conocería como la elite porteña.

A principios del siglo XIX, Inglaterra intentó apoderarse de estos territorios durante las expediciones militares conocidas como Invasiones Inglesas. Con el objetivo de defender sus intereses de los británicos, la elite de Buenos Aires creó su propio ejército, milicias conformadas por personas sin preparación ni carrera militar que elegían a sus propios comandantes. Durante la Primera Invasión Inglesa (1806), conocida como la “Reconquista”, las tropas británicas ocuparon la Ciudad de Buenos Aires pero fueron derrotadas por un ejército comandado por Santiago de Liniers, al que se sumaron milicias populares porteñas. En la Segunda Invasión Inglesa (1807), denominada  la “Defensa”, las tropas británicas tomaron Montevideo y avanzaron con el objetivo de ocupar Buenos Aires, pero fueron derrotadas por las fuerzas defensoras, compuestas por tropas regulares y milicias urbanas. En ambos casos, la participación de las milicias incrementó el poder y la popularidad de los líderes criollos militares, descendientes de europeos nacidos en estas tierras.

En lugar del Virrey Rafael de Sobremonte, quien había huido durante la “Defensa”, la elite de Buenos Aires, nombró Virrey a Santiago de Liniers, uno de los capitanes de la “Resistencia”, mediante el Cabildo Abierto del 10 de febrero de 1807. Algo se quebró en ese momento, porque un territorio que no le paga impuestos a ninguna metrópoli, que tiene un sistema de acumulación de riqueza propio y que elige a sus propias autoridades ya no es una colonia. Como indica el autor del “El país que estalló”, Alejandro Horowicz, “el autogobierno se conquista mediante la reconquista”, es decir, los británicos “pusieron fin así –mediante su calculada irrupción- al sistema político anterior”. Existía una certeza, un deseo, una conciencia de ser una cosa distinta de España, un sentimiento nacional, en tanto diferente de lo otro, que unía a los distintos agentes sociales. La influencia y el fervor de los grupos independentistas era cada vez mayor.

La Revolución de Mayo de 1810, que dio inicio al proceso de Independencia de la Argentina, también significó la primera grieta que dividió a la sociedad en dos, por un lado los morenistas, liderados por el fundador del diario La Gazeta, Mariano Moreno y por el otro los saavedristas, encabezados por el jefe del Regimiento de PatriciosCornelio Saavedra. Finalmente, Saavedra fue elegido presidente de la Primera Junta, el primer cuerpo de gobierno argentino independiente de España.

Primera Junta

 “La guerra de la independencia desató una guerra civil imposible de reprimir, resolver y soportar para el bloque comercial: por eso en 1820 estalló definitivamente el virreinato, y ese estallido liquidó el arcaico bloque mercantil. Entre los escombros surge una nueva clase y una nueva formación histórica social: los ganaderos bonaerenses y el capitalismo agrario de  base pampeana”, explica Horowicz en su obra. La división de riquezas generó un enfrentamiento entre Buenos Aires, que no estaba dispuesta a repartir, y el interior, que exigía una distribución igualitaria, conocido como Anarquía del 20. La dicotomía puerto versus interior dio origen a otra, unitarios versus federales.

El 21 de Diciembre de 1821, después de haber permanecido por casi dos siglos y medio cumpliendo sus funciones,  el Cabildo, que fue  un actor central en el proceso político iniciado en 1810,  realizó su último Acuerdo. Con el correr del tiempo, el edificio  sufrió grandes modificaciones. En 1860 se ornamentó la cúpula con azulejos “pas de calois” y en su parte superior se colocó una bola de metal dorado con un pararrayos. Más tarde se modificó la torre para la colación de un nuevo reloj. En 1880 el edificio paso a ser sede de los Tribunales Nacionales. Con el objetivo de servir a tal fin, fue remodelado por el arquitecto francés Pedro Benoit, quién le otorgó a la fachada un estilo clasicista franco-italiano y le agregó un tercer cuerpo a la torre.

Con motivo de la apertura de la Avenida de Mayo en 1889, se demolieron tres arcos del ala norte y la torre ampliada por Benoit,  ante la posibilidad de su derrumbe. En 1931 se demolieron otros tres arcos del ala sur para abrir la Diagonal Julio Argentino Roca  y se le realizó una ochava en la esquina de la calle Bolívar y Victoria, actual Hipólito Yrigoyen.

Patio del Cabildo

En la década de 1930 varias voces pedían la demolición del edificio, pero Carlos A. Pueyrredón presentó una iniciativa para  convertirlo en un museo. En 1933 el Cabildo de Buenos Aires fue declarado “Monumento Histórico Nacional”, a través de la   ley 11.688. Cinco años después,  la Comisión Nacional de Museos y de Lugares Históricos encomendó al arquitecto Mario Buschiazzo su restauración. El edificio fue reinaugurado el 12 de octubre de 1940. Se conservó el recinto dónde juró la Junta Provisional Gubernativa y parte de la galería donde se reunió el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. Sin embargo, el diseño contemplaba  un amplio parque en la parte posterior del edificio, que quedó en suspenso  ante el retraso en las expropiaciones de algunas casas linderas, que se concretaron para el festejo del Sesquicentenario. Luego, en lugar del parque se optó por construir un edificio en torno al patio para sede de la Comisión Nacional de Museos y Lugares Históricos, y el espacio administrativo del museo.

Con motivo del Bicentenario de la Revolución de Mayo, la edificación fue puesta en en valor. El “Museo Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo” posee un patrimonio conformado por el propio edificio y por las colecciones integradas por documentos, pinturas y objetos de los siglos XVII al XX.

En la actualidad,  el Museo tiene por fin exponer y conservar el patrimonio que forma parte de la colección referente a los distintos sucesos históricos ocurridos en este importante solar y en el período de la independencia. En ese sentido, el Museo busca ayudar a preservar la memoria colectiva del pueblo argentino.

INFORMACIÓN ÚTIL

Dirección: Bolívar 65, Ciudad de Buenos Aires.

Horarios: Martes, Miércoles, y Viernes de 10:30 a 17 | Sábados, Domingos y feriados: 10:30 a 18 | Cabildo Nocturno: Jueves de 10:30 a 20.

Visitas Guiadas en español: Martes, Miércoles y Viernes a las 15:30 | Jueves a las 15:30 y 18:30 | Sábados, Domingos y Feriados: 11, 12:30, 14, 15:30 y 16:45.

Visitas Guiadas en inglés: De octubre a marzo

 +info: www.cabildonacional.cultura.gob.ar

 

Texto y fotos de Gabriela Naso.

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