El Chaltén: paraíso de montaña

Ubicado al pie del Cerro Fitz Roy, este pueblo de montaña es conocido como la “Capital Nacional del Trekking”. Cada año son miles los turistas que llegan a El Chaltén para desafiarse a sí mismos y, al mismo tiempo, disfrutar de un contacto íntimo con la naturaleza.

Dejo atrás la mítica Ruta 40 y me dirijo hacia la localidad de El Chaltén, conocida como “Capital Nacional del Trekking”. Ubicada a 220 kilómetros de El Calafate, en la provincia de Santa Cruz, esta pequeña villa se encuentra al borde de la zona norte del Parque Nacional Los Glaciares (PNLG).

Los primeros habitantes de esta zona fueron los tehuelches, quienes en su propio idioma se llamaban “aónikenk”, que quiere decir “gente del sur”. Los nativos llamaron “Chaltén”, que en lengua tehuelche significa “montaña humeante”, a la montaña que el perito Pascasio Moreno bautizó con el nombre de Monte Fitz Roy en 1877. La denominación originaria se debió a la presencia, casi constante, de nubes en su cima.

Sólo los pioneros, como los Madsen, los Halvorsen, los Rojo, los Jacobsen y los Arbilla, y los montañistas sabían de la existencia, la belleza y la dificultad del Fitz Roy.

Camino hacia El Chaltén

El Chaltén fue fundado el 12 de octubre de 1985 por la Ley N°1771/85, en el marco del conflicto con Chile por la demarcación limítrofe en la zona del Lago del Desierto y el Hielo Continental Patagónico Sur.  La nueva localidad se creó sobre 135 hectáreas pertenecientes al PNLG. En aquel entonces sólo existían una hostería, un puente y un puñado de carteles rústicos que  indicaban el destino de los terrenos.

Los primeros pobladores de la localidad fueron empleados públicos provinciales y nacionales, quienes se instalaron en las trece casas construidas por el gobierno provincial. El censo de 1991 sólo registraba 41 habitantes. Hoy, El Chaltén cuenta con una población estable de más de mil habitantes. Si bien nació con fines geopolíticos, la localidad creció por ser uno de los destinos turísticos elegidos por los amantes del trekking y el montañismo, a tal punto que el 28 de julio de 1994 fue declarada “Capital Nacional del Trekking”.

La Ruta Provincial 23 me ofrece distintos planos de la cautivadora figura de la Cordillera de los Andes. El viaje pasa rápido, no sólo por mi fascinación con el paisaje, sino porque mi conductor oficia de guía turístico. Nos detenemos en varias oportunidades para tomar fotografías panorámicas desde la ruta, ese hilo de concreto que atraviesa la estepa patagónica. Una de las postales más bellas la obtengo antes de llegar a la entrada del pueblo. Con el Cerro Fitz Roy de fondo, la pequeña villa se alza entre los ríos De las Vueltas y Fitz Roy. La imagen es impactante, cautivadora. Este hermoso poblado parece sacado de un cuento de hadas.

Camino hacia El Chaltén 2

En el centro de El Chaltén me recibe Federico, uno de los dueños de Patagonia Eco Domes, el campamento ecológico de lujo donde me hospedaré. “Tuviste suerte, hoy se ve la cima”, me dice mientras sube mi equipaje al asiento trasero de su camioneta. Es cierto, es una tarde atípica, no sólo porque puedo apreciar la imponente figura del Fitz Roy sin nubes, sino por la falta de viento. Aquí, el viento es uno más de la familia, el eterno compañero de la Patagonia.

Mientras bordea el Río de las Vueltas, Federico indaga sobre los sitios que tengo pensado visitar y me hace algunas sugerencias. En una de las curvas, me enseña el lugar exacto donde vio un huemul por primera vez. Ese acontecimiento -más atípico que la falta de nubes y de viento- ocurrió el año pasado, por lo que mis esperanzas de divisar al ciervo autóctono de la Patagonia son bajas, pues Federico vive en El Chaltén hace una década.

En la actualidad, el huemul se encuentra en peligro de extinción, debido a la reducción de su hábitat, la caza y las enfermedades transmitidas por el ganado.  Para ofrecerle las máximas garantías de conservación, la especie  fue declarada “Monumento Natural Nacional” en 1996.Patagonia Eco Domes 3

Luego de recorrer 16 kilómetros de paisajes increíbles, llegamos a Patagonia Eco Domes, donde nos recibe Guillermo. Lo primero que me pregunta es cuántas noches me quedaré. “Tres”, le respondo. No hace falta que lo diga, sé que no son suficientes para conocer todo lo que este paraíso tiene para ofrecerme. Hay mucho para recorrer, para experimentar, para vivir. Tres noches es poco, pero la opción “full day” es una locura poco recomendable.

Una vez instalada, recorro los alrededores del “glamping”, que combina confort y comodidad con un contacto íntimo con la naturaleza. Los siete domos suites -equipados con paneles solares, ducha escocesa y hogar a leña, entre otros amenities-, al igual que el domo restaurant y living/recepción, poseen una vista privilegiad de Cerro Fitz Roy, que a las 7.30 se tiñe de un tono rojizo. ¡Todo un espectáculo!

Además de la excelente ubicación, la cálida ambientación y la exquisita oferta gastronómica, Patagonia Eco Domes se destaca por su cálido y atento equipo. Guillermo, Cristina, Tomás, Charlotte y Federico están en cada destalle y hacen que me sienta a gusto, como en casa. Patagonia Eco Domes es algo fuera de serie, que merece una nota aparte.

Vista del Fitz Roy desde Patagonia Eco Domes

Desde allí parto rumbo a Laguna de los Tres. Un cartel me indica que mi destino se encuentra a 9 kilómetros. Comienzo a transitar por el sendero, que por momentos bordea el Río Blanco, para luego sumergirse en las profundidades del bosque de lengas y ñires. Las vistas son increíbles. Una vez dentro del PNLG, diviso el Glaciar Piedras Blancas.

El viento se escabulle entre los árboles, gigantes -algunos caídos y otros de pie- recubiertos por “barba de viejo” que indica la pureza del aire. Dejo atrás el mirador del Glaciar Piedras Blancas, atravieso un claro y el vuelvo a internarme en el bosque. Antes de llegar al Campamento Poincenot, un cartel indica que me encuentro a 2 kilómetros de alcanzar mi meta. Cruzo el Río Blanco y, siguiendo el consejo que me dio Cristina en el desayuno, cargo mi botella con agua, pues no volveré a tener otra oportunidad hasta llegar a Laguna de los Tres. Comienza el último tramo, el más empinado. Como todavía es temprano, somos pocos los que subimos y menos aún los que bajan.

Una vez alcanzada la meta, confirmo que bien vale el esfuerzo. ¡No hay imagen que le haga justicia! La figura del Fitz Roy es imponente, magnífica, para ser contemplada eternamente. Pero como todo lo que sube tiene que bajar, luego de visitar el mirador a la Laguna Sucia y el Glaciar Sucio, inicio el descenso. Ahora son muchos más los que realizan el ascenso. Sus caras reflejan su agotamiento, pero lo vale, tranquilos que lo vale.

Laguna de los tres

Tomo el sendero en dirección al centro, pero antes de llegar me desvío hacia Laguna Capri. Recorro las avenidas principales y me tomo una pausa en la cervecería Don Guerra. El local, ubicado sobre Avenida San Martín 580, no sólo ofrece una exquisita cerveza artesanal y una amplia variedad de platos,  sino que invita a relajarse y disfrutar de su cálido ambiente. A la salida, compro cerezas de Los Antiguos. ¡Qué cerezas! Después de probarlas, las cerezas comunes dejan de ser atractivas. Lindo cierre para un día a puro trekking. La experiencia modifica algo en mí, me deja una sensación inolvidable.  Ni qué hablar de la visita al Lago del Desierto.

Durante una hora y media de travesía bordeamos el Río de las Vueltas, que gradualmente deja atrás su color lechoso para tornarse cristalino. Camino por la costa de Lago y, tras abonar 150 pesos a modo de “bono contribución”, ingreso a la propiedad privada por donde discurre el sendero hacia el Glaciar y la Laguna Huemul.

El camino se adentra en un bosque de lengas. Avanzo siguiendo las marcas amarillas pintadas en la corteza de los árboles. El terreno, primero plano, se vuelve empinado al llegar al mirador de la primera cascada. Luego de alcanzar el tercer salto de agua, comienza el último tramo. Aunque es el más empinado, cuenta con sogas que ayudan a superarlo. Desde allí diviso la cara norte del Fitz Roy, parte del Lago del Desierto y, por último, el Glaciar Huemul. Pequeños hilos de agua se deslizan desde el glaciar y van a parar a la laguna. ¡Otro lugar para quedarse! El Chaltén es trekking, es aventura, es vida…

Glaciar Huemul

Antes y después de la montaña, el pueblo invita a degustar su exquisita oferta gastronómica, que, si bien es variada, se destaca por los platos inspirados en la esencia patagónica. El cordero, la trucha, el salmón y los frutos rojos son los protagonistas de la mayoría de las recetas.

A la belleza del entorno y la cocina gourmet se suma la conciencia ambiental y la amabilidad de su gente, que se expande entre los turistas. “Permiso”, “por favor” y “gracias” se repiten en distintas leguas hasta el infinito. Los vecinos se saludan con un “hola” o un simple gesto de la cabeza, mientras los chicos juegan en la vereda o andan en bicicleta. ¡Es otro mundo! Esos pequeños detalles que hacen a la cotidianidad del pueblo generan que me enamore cada vez más de este paraíso de montaña. Algo similar debe haberle sucedido a quienes se fueron quedando a vivir. Dicen que la verdadera esencia de El Chaltén se descubre durante el invierno, cuando los días son cortos y el rugido del viento se vuelve una presencia constante.

No puedo evitar mirar hacia atrás al momento de marcharme. No deseo irme, pero lo hago con la promesa volver. Aún quedan muchos caminos por descubrir.

 

IMPERDIBLES

-Laguna de los Tres

Es uno de los trekking más importante que ofrece El Chaltén, ya que permite llegar a la base del Cerro Fitz Roy. Para realizar este recorrido se puede partir desde el centro del pueblo (10 kilómetros), pasando por la Laguna Capri, o desde Patagonia Eco Domes (9 kilómetros), pasando por el mirador del Glaciar Piedras Blancas. En ambos casos, se atraviesa el Campamento Poincenot y el Río Blanco para luego comenzar el ascenso final, que demanda cerca de una hora. Bordeando la Laguna de los Tres, se accede al mirador de la Laguna Sucia y el glaciar homónimo.

Laguna de los tres 2

-Lago del Desierto

Bordeando el Río de las Vueltas, la Ruta Provincial 41 conduce al Lago del Desierto, un magnífico espejo de agua ubicado a 37 kilómetros del centro de El Chaltén. Allí pueden realizarse distintas actividades, como navegación, buceo, snorkel o una simple caminata por la orilla. Otra alternativa es el trekking al Glaciar y la Laguna Huemul (2 kilómetros), cuyo sendero comienza en una propiedad privada ubicada a orillas del Lago y ofrece extraordinarias vistas de la cara norte del Fitz Roy.

Lago del Desierto

-Mirador de los Cóndores y  Mirador de las Águilas

Partiendo del centro de El Chaltén, se cruza el Río Fitz Roy y se continúa hasta la oficina del PNLG. Allí comienza el sendero que conduce a ambos miradores. El de los Cóndores (1 kilómetro) ofrece una espléndida vista panorámica del pueblo, mientras que el de las Águilas (2 kilómetros) permite apreciar el Lago Viedma.

Vista desde el Mirador de los Cóndores

-Chorrillo del Salto

Este clásico sendero (3 kilómetros) conduce desde el centro de El Chaltén hasta una cascada de veinte metros de alto, ubicada en el corazón del bosque.

Chorrillo del salto

-Bosque Petrificado

A mitad de camino entre las localidades de El Calafate y El Chaltén, el Bosque Petrificado La Leona propone descubrir los misterios de la prehistoria. Luego de una breve visita al Hotel La Leona se continúa hasta llegar al faldeo del Cerro Los Hornos (Estancia Santa Teresita). En plena estepa patagónica, la enorme depresión del terreno invita a realizar una caminata de exploración entre los fósiles, testimonios de épocas antiguas.

Bosque Petrificado La Leona

+info: www.morresiviajes.com.ar

 

¿DÓNDE ALOJARSE?

-Patagonia Eco Domes

Ubicado en el kilómetro 16 de la Ruta Provincial 23, Patagonia Eco Domes invita a disfrutar de un contacto íntimo con la naturaleza, sin dejar de lado la comodidad y el confort. Este campamento ecológico de lujo, o “glamping”, cuenta con 7 domos suites, los cuales poseen una vista privilegiad de Cerro Fitz Roy. Equipados con paneles solares, los dormitorios también cuentan con ducha escocesa y hogar a leña, entre otros amenities.

En cuanto a los espacios comunes, posee domo restaurant, living/recepción y yoga. La cálida ambientación, la exquisita oferta gastronómica y la atención personalizada se complementan con un magnífico entorno para satisfacer a los más exigentes viajeros.

Patagonia Eco Domes 1

Patagonia Eco Domes

+info: www.patagonia-eco-domes.hotelrunner.com | Email: patagoniaecodomes@gmail.com | Tel: (0054-2962) 493-359

 

Texto y fotos de Gabriela Naso.

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