Entre medianeras

Correspondiente al estilo “Petit Hotel”, el Palacio Piccaluga enlaza espacios sofisticados y señoriales con rincones acogedores y cálidos. Esta obra del arquitecto Domingo Donati se caracteriza por la incorporación de pequeños patios que funcionan como linternas para permitir el paso de la luz natural.

Ubicado a unas pocas cuadras de las Avenidas Santa Fe y Callao, punto emblemático de la Ciudad de Buenos Aires, el Palacio Piccaluga corresponde a la tipología residencial ¨Petit Hotel¨, de gran adhesión a principios del siglo XX. Esta versión minimizada del ¨Grand Hotel¨ fue diseñada por el arquitecto ítalo-suizo Domingo Donati (1866-1925), a raíz de un encargo que le hiciera el empresario textil Francisco Piccaluga, quien había llegado de Italia a fines del siglo XIX. Junto con su compatriota y socio Luis Barolo, Piccaluga se dedicó a la industria del algodón, actividad que le confirió una excelente posición económica.

Formado en la exigente Academia de Brera en Milán, Donati diseñó un palacio de casi 2000 metros cuadrados y lo estructuró en tres amplios niveles: la planta baja, destinada al acceso de proveedores y las áreas de servicio; el piano nobile, con salones de uso común; y el segundo piso, reservado a las habitaciones de la familia. Además, incluyó un jardín privado de 280 metros cuadrados y una vivienda de servicio.

ESTILO ARQUITECTÓNICO 

El Palacio Piccaluga presenta un estilo ecléctico con fuerte influencia italiana, a excepción de la herrería que conserva el estilo francés. La construcción se destaca por la incorporación de cuatro pequeños patios y un sistema de vitraux para iluminar los espacios más oscuros de cada una de las plantas. “Si bien la construcción está entre medianeras, tiene un estudio muy optimizado de la entrada de luz, incluso hasta la planta baja. Esta serie de patios chicos, que hoy no computan dentro del código de ventilación, funcionan como linternas o como tubos de luz”, explica el arquitecto Alfonso Piantini.

Luego de atravesar un macizo portón de hierro de doble hoja, tres escaleras conducen al primer piso: la principal, hecha en mármol de San Juan y custodiada por la figura de un ángel que funciona como protector de la vivienda; la secundaria, que comunica lo que fuera el estacionamiento con el primer piso; y la de servicio, cuyos peldaños de madera recorren los tres niveles del Palacio. A éstas se suma un ascensor que también comunica las distintas plantas.

 

El hall principal del piano noble, con piso de roble de Eslovenia y columnas estucadas que simulan el mármol, funciona como distribuidor. La imponente escalera que conduce al segundo nivel y el óvalo en el techo que permite proyectar el espacio son dos de los grandes atractivos del edificio.

Sobre el frente de la vivienda se ubican los dos salones de visita. Aunque hoy están pintados de blanco, allí se observan tableros con moldura para colocar entelados decorativos, al igual que en otros ambientes. El comedor principal de estilo medieval se ubica de lado opuesto al hall. A diferencia de los otros ambientes, el comedor presenta una mayor carga de ornamentos. Su boiserie de madera, con un bestiario que incluye dragones, serpientes y otras criaturas, no se repite en ningún otro lugar del Palacio. El frente de la chimenea de mármol pone en evidencia la ausencia de dos ángeles de bronce que fueron robados por los últimos inquilinos. En total, el ambiente cuenta con tres puertas: la principal, que llega desde el hall; la secundaria, ubicada frente a la chimenea y que conduce al pequeño jardín de invierno, desde donde se accede a los salones para damas y caballeros; y  la pequeña puerta trampa, disimulada entre los paneles de madera, para la entrada y salida del servicio.

El último cuarto del piso posee salida al balcón que comunica con la escalera que conduce al jardín, donde Piccaluga mandó a colocar una fuente que tenía el mismo valor que todo el Palacio, de la cual hoy no quedan rastros. Al fondo del terreno se observa la vivienda de servicio y el garaje.

En el segundo nivel, los vitraux se ven más favorecidos, porque la vivienda comienza a elevarse hacia el cielo. En torno al gran óvalo y la escalera se observan los mismos elementos y materiales que en el hall principal, pues el espacio abierto funciona como una ventana que los comunica visualmente.

Sobre el frente de la vivienda se ubican los dormitorios principales, conectados por un pequeño salón, cada uno con su baño privado. Del otro lado del óvalo se encuentran los demás dormitorios de la familia.

RESTAURACIÓN Y NUEVO USO

Inaugurado a comienzos del 1900, el Palacio fue la residencia de la familia Piccaluga entre 1905-1997. Allí vivió Don Francisco con su esposa, Rosa Bianchi, con quien tuvo seis hijas y un hijo, Pedro. Tras la muerte de su padre, Pedro le compró a sus hermanas su parte de la casa y, después remodelar parte de la vivienda, se instaló allí con su esposa, Ofelia Braceras Haedo, con quien tuvo una hija, Ofelia.

En 1997 el Palacio se vendió y todo el mobiliario se remató en la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos. Los nuevos dueños alquilaron la  vivienda a una casa de remates durante cinco años y, luego, a la Universidad Belgrano. Esta última generó anomalías y modificaciones en el edificio.

En 2016 comenzaron las obras de restauración del Palacio, hoy convertido en un multiespacio exclusivo para celebrar encuentros corporativos. A través de la mágica experiencia de una visita guiada, el público en general tiene la posibilidad de recorrer sus tres niveles, la casa de servicio y el jardín para contemplar su exquisita arquitectura.

+info: www.palaciopiccaluga.com

Texto y fotos de Gabriela Naso.

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