Arqueología y arte en el corazón de Buenos Aires

Como muchos edificios que integran el Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, el antiguo Pasaje Belgrano conserva bajo sus pies testimonios que dan cuenta del paso del tiempo. La propiedad donde hoy funciona Casa Lepage Art Hotel cuenta con el atractivo de haber pertenecido a la bella Felicitas Guerrero, un plus que se suma al encanto del edificio y a la experiencia cultural y gastronómica que propone.

Emplazado a dos cuadra de Plaza de Mayo, sobre Bolívar 373, el antiguo Pasaje Belgrano invita a descubrir los secretos del Centro Histórico Fundacional de la Ciudad de Buenos Aires.  Durante la puesta en valor del edificio, que a fin de año abrirá las puertas de un exclusivo hotel boutique en la planta alta, se hallaron restos arqueológicos y objetos de uso doméstico correspondientes a los períodos colonial y virreinal. A raíz de los descubrimientos, se modificó el proyecto original y el subsuelo de Casa Lepage Art Hotel se transformó en un museo donde se exhiben la piezas encontradas.

DE MANO EN MANO

La propiedad, tal cual se la observa hoy, es consecuencia de la adición y sustracción de terrenos a lo largo del tiempo. El 12 de octubre de 1868 Martín de Alzaga compró la esquina de Bolívar y Belgrano a los sucesores de Victorio de la Peña, Juan de la Peña y Josefa Inchaurregui y de la Peña. Se trataba de un terreno con “una extensión de treinta metros de frente al Este sobre la calle de Bolívar por treinta metros sobre la calle de Belgrano y, además, en el extremo Nor-Oeste dieciséis metros de frente al Este y diez metros de fondo al Oeste”. La venta se completó con la cancelación de la deuda el 25 de enero de 1869, según el registro del escribano Francisco Raggio. Es probable que el antiguo edificio que estaba en el terreno por esos años tuviera algunos locales comerciales. De acuerdo al Plano Mercantil de 1870, en esa esquina se encontraban: la Confitería Standard de L. Sabby, la Talabartería Porteña de J. Nogués y Confitería del Comercio de J. Chirella.

Tras la muerte de Alzaga el 1 de marzo de 1870, el terreno pasó a manos de su esposa, Felicitas Guerrero, quien fue asesinada el 30 de enero de 1972. Como la joven falleció sin dejar descendencia,  los únicos herederos fueron sus padres, Carlos José Guerrero Reissig y Felicitas Cueto de Guerrero. El terreno de Belgrano y Bolívar fue una de las muchas propiedades que recibieron. Fue el padre de Felicitas quien anexó los terrenos que determinarían las medidas definitivas de la finca. En 1881 Guerrero compró la fracción sobre Bolívar 153 y 155 (antes 147 a 151) a los sucesores del Dr. José Roque Pérez.  Se trataba de un lote con 14,462 metros de frente al Este, por 39,836 metros de fondo.  En 1887 se sumó el terreno ubicado sobre la calle Belgrano 131 (antes 99), de 10,39 metros de frente al Sud, por 14,50 metros de fondo.

Fue Guerrero quien encargó la construcción del edificio, que por aquel entonces también ocupaba la esquina. Fiel ejemplo de su época, el Pasaje Belgrano, que contaba con entrada por ambas calles, combinaba plantas de viviendas de renta en los pisos superiores y locales comerciales en la planta baja. La estructura edilicia, digna de una ciudad que aspiraba a asemejarse a las grandes capitales europeas, constituyó el primer antecedente de una galería comercial en Buenos Aires.

En uno de los locales del Pasaje Belgrano se instaló Casa Lepage, un negocio dedicado a la venta de artículos importados para fotografía, a cargo del barón belga Henri Lepage, uno de los iniciadores de la industria cinematográfica nacional. En 1908 Lepage volvió a Europa y el local quedó en manos de Max Glucksmann.

Con la muerte de Guerrero, el edificio de Bolívar y Belgrano pasó a manos de sus hijos Jorge, Luis y José Guerrero y Catalina Guerrero de Martínez Ituño, quienes, al poco tiempo, vendieron la propiedad al titular de la casa comercial “L. B. Supervielle”, Luis Bernardo Supervielle. En 1902 el Pasaje pasó en sucesión a las hijas de Supervielle, Agueda María Supervielle de Berthelemy y Blanca y Violeta Supervielle, estas dos últimas menores de edad. Para aquel entonces, la construcción se dividía en “varios locales bajos para negocios y escritorios, y diversos grupos de casitas y departamentos para familias en la planta alta”. Además, el edificio constaba de “un piso bajo y dos altos con frente a las calles y un piso alto con frente al pasaje”.

El 1 de octubre de 1910 las herederas de Supervielle vendieron la propiedad a Bernardo Etchehon (hijo), según consta en el folio 515 del registro 72 del escribano Lisandro Billinghurst. Trece años después, la propiedad fue adquirida por La Continental Seguros Generales. En la escritura se detalla que el edificio se ubicaba en “Bolívar 365 al 399, antes 153 a 167 y antiguamente 89 a 101 y 147 a 151, formando esquina a la calle Belgrano 501 al 533, antes 107 a 129 y 131 y antiguamente 87 a 95 y 99”.

En la segunda década del siglo XX el Pasaje sufrió dos transformaciones significativas. Por un lado, en 1932 el primer cuerpo de viviendas se adaptó para oficinas. El cambio de destino trajo aparejado un trabajo de modernización estilística a cargo del arquitecto Alejandro Virasoro, introductor del lenguaje Art Decó en la Ciudad de Buenos Aires. Por otra parte, el sector sur se demolió en 1952 para ampliar la Avenida Belgrano y, en su lugar, se construyó un edificio en altura, por lo que el Pasaje quedó reducido en su extensión y con un único acceso por la calle Bolívar.

PUESTA EN VALOR

Después de 1970, el Pasaje sufrió un constante deterioro, que se dió en paralelo al proceso de degradación del barrio,  hasta que a fines del siglo XX fue desocupado. Tras algunos años de absoluto abandono, la propiedad fue adquirida en 2004 por la familia Cassará, la cual le encargó a la arquitecta Ana María Carrio la puesta en valor del edificio situado sobre la calle Bolívar 365/69/73/75/72, dentro de los límites del Distrito Área de Protección Histórica 1. El proyecto contemplaba la creación de un hotel con habitaciones en los pisos superiores, conservando la ubicación y la estructura espacial de los distintos locales y el restaurante.

La primera operación, previa a la tarea de restauración, fue la apertura al público durante dos fines de semana sucesivos de septiembre de 2006, en el marco de una muestra de arte que convocó a más de 60 artistas y tuvo un enorme impacto en la estructura cultural del barrio.

Al iniciarse los trabajos, se descubrieron restos de construcciones anteriores y se rescataron muchas piezas correspondientes a objetos de uso doméstico que databan de los siglos XVII, XVII y XIX, con lo cual se decidió utilizar el subsuelo del edificio para exhibir los objetos rescatados. Tras los descubrimientos, el proyecto se reformuló en su conjunto y se agregaron sectores de pisos vidriados en distintos puntos de la planta baja para observar los sitios de los hallazgos bajo el nivel cero. Futuro hotel, restaurante, sala de convenciones y museo, el Pasaje Belgrano, bisagra simbólica entre los tiempos del edificio, propone embarcarse en un viaje a través de más de 400 años de historia.

VISITAS GUIADAS

-PRIMER VIERNES DE CADA MES, 19:00 hs. “Arqueología de Buenos Aires”: los métodos, desafíos y alcances de la Arqueología Urbana a través del caso del Pasaje Belgrano.

-SEGUNDO VIERNES DE CADA MES, 19:00 hs. “Enteramente devotos de Venus”: cultura material y vida cotidiana de los porteños del siglo XVII a partir de los hallazgos arqueológicos en el Pasaje Belgrano.

-TERCER VIERNES DE CADA MES, 19:00 hs. “De pequeña aldea a Capital Virreinal”: los grandes cambios en Buenos Aires y sus habitantes a finales del siglo XVIII. Una mirada desde la Arqueología del Pasaje Belgrano.

-CUARTO VIERNES DE CADA MES, 19:00 hs. “Los parisinos de América”: prácticas de consumo, modas y espacios en la sociedad porteña del siglo XIX a la luz de la Arqueología del Pasaje Belgrano.

Tras la visita, el paseo concluye en el restaurante Puerta del Inca para fusionar arte, historia y gastronomía en una misma experiencia.

Idiomas: Español/Ingles/Italiano

Informes y reservas: visitasguiadas@pasajebelgrano.com.ar

Texto y fotos de Gabriela Naso.

 

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