La Campiña de Mónica y César

Unidos por el amor a la tierra, los periodistas Mónica Cahen d’Anvers y César Mascetti crearon La Campiña, una chacra productivo-placentera al estilo europeo. Ubicada en San Pedro, hoy sus productos son reconocidos a nivel nacional e internacional.


El aroma a rosas y a dulce recién hecho nos conduce hacia La Campiña de Mónica y César, emplazada a unos pocos kilómetros del centro de San Pedro. Este pequeño paraíso, donde abundan los naranjos y durazneros, nos ofrece un íntimo contacto con la naturaleza. Ubicada a sólo 160 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires,  La Campiña se destaca por su clima benigno y la riqueza de sus suelos.

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HABÍA UNA VEZ…

La historia de La Campiña comenzó a escribirse a partir del amor entre los periodistas Mónica Cahen d’Anvers y César Mascetti. Primero los unió su pasión por el periodismo. Después, el amor por la tierra los llevó a crear La Campiña, un lugar pensado para “cargar las pilas”.

Este sueño nació en 1979 y encontró su lugar en los terrenos pertenecientes a la familia César, que había llegado a San Pedro a mitad del siglo pasado. La idea de una chacra productivo-placentera al estilo europeo comenzó con sólo 12 hectáreas y 4 mil plantas de naranja.

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Recién en 1992,  La Campiña abrió sus puertas a los turistas para que pudieran apreciar el trabajo que se realiza allí y disfrutar del aire puro que ofrece San Pedro.

Hoy, el proyecto de Mónica y César abarca una producción mixta de naranjas y duraznos, y rotativa de agricultura de maíz trigo y soja. La plantación más grande lleva el nombre “El Independiente” en homenaje al diario que el abuelo de César fundó en 1894.

UN DÍA EN LA CAMPIÑA

Luego de ver un documental que repasa la historia de La Campiña, una guía nos conduce hacia la plantación de naranjos. Allí se pueden apreciar las distintas variedades. Aún se conservan algunos árboles de naranja de jugo, que fueron plantados por el tío de César hace más de 70 años, aunque la mayor parte de la plantación es de naranjas de ombligo.

Nuestros pasos nos llevan hacia la cortina que divide y da reparo a la plantación de naranjos. A nuestra derecha se alza el galpón de selección, donde se puede presenciar el proceso de selección de la fruta desde que llega del campo hasta que se carga en el camión, siempre que sea temporada de cosecha y el personal esté trabajando. A sólo unos metros se encuentra la dulcería, que llena el aire a aroma a mermelada de durazno recién hecha.

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La guía nos muestra la plantación de duraznos, higos y caquis. De allí pasamos al invernáculo y a la huerta orgánica, que provee la verdura para el restaurante de La Campiña. La próxima parada es el palomar de César, donde aguardan sus palomas mensajeras de competencia.

El recorrido finaliza en el rosedal de Mónica, un regalo que César le hizo para su cumpleaños de 70. Los más de 300 rosales son uno de los grandes atractivos de La Campiña, pues posee especies injertadas que no se consiguen en otro sitio.

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Quizás, la rosa más destacada sea la “Comtesse Cahen d’Anvers”, cuya historia está emparentada con los antepasados de Mónica. Louise de Morpurgo, casada con el Conde Louis Cahen d’Anvers, tenía una gran pasión por las rosas, por lo que visitaba muy a menudo a un rosicultor italiano en Umbría, Rossetto Fineschi, a quien le compraba muchas rosas para llevar a su rosedal en el Castillo de Champs, cerca de París. Fineschi se dedicaba a crear distintas rosas y a una de ellas la llamó “Comtesse Cahen d’Anvers” en honor a la bisabuela de Mónica.

Para conseguir esa rosa, Mónica se contactó con la cuarta generación de Fineschi. Los descendientes del rosicultor le enviaron las yemas desde Italia. Después de varios intentos, Ángel Rivero pudo hacer que una de las yemas brotara y así lograr la misma rosa creada en 1870.

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Una vez finalizada la visita, es momento de hacer una parada y deleitarse con las exquisiteces del restaurant, que ofrece comida casera o el clásico asado argentino. A la buena comida se suma la excelente vista que la galería del restaurante ofrece del rosedal.

Antes de partir, una visita al almacén, que conserva el espíritu de los viejos almacenes de ramos generales, nos permite adquirir todos los productos que se elaboran en La Campiña (y no se comercializan en ningún otro sitio), destacándose los dulces (limón, pomelo, naranja, hogo y durazno), frutas, bombones, alfajores, escabeches, vinagres aromáticos, quesos y fiambres caseros.

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Más de una vez, Mónica y César definieron a La Campiña como su “lugar en el mundo”. Es fácil comprender por qué. Lejos del ruido del tráfico y el ritmo acelerado de la Ciudad de Buenos Aires, La Campiña ofrece otro modo de vida, en contacto con la naturaleza y los sentidos. Sin dudas, allí se respira vida.

 

Información útil:

Horarios: Miércoles a Domingo a partir de las 10 hs.

Visitas guiadas: de viernes a domingo 10.30, 11.30, 14.30 y 16 hs

Restaurant: apertura a las 12 hs.

Cafetería: apertura a las 16 hs.

Texto y fotos de Gabriela Naso

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