La ruta de los pioneros

Glaciar Sur nos ofrece disfrutar del encanto de la Patagonia a través de todos los sentidos. Durante la experiencia “Pioneros”, revivimos la historia de los primeros pobladores, contemplamos los maravillosos paisajes de la estancia Nibepo Aike, donde saboreamos el clásico cordero patagónico,  y nos embarcamos para apreciar la cara sur del Glaciar Perito Moreno.

Dejamos atrás el centro de El Calafate y tomamos la vieja Ruta de las Estancias para comenzar a vivir la experiencia “Pioneros” de la mano de Glaciar Sur. La mañana soleada y casi sin viento -algo atípico en la Patagonia- nos augura un excelente día.

El camino nos conduce a través de la estepa patagónica, permitiéndonos apreciar su paisaje árido, casi desértico. La superficie, carente de árboles debido a los fuertes vientos y las bajas precipitaciones, cuenta con una gran variedad de especies arbustivas, destacándose el “calafate”, que da nombre a la ciudad.  Según una antigua leyenda tehuelche, “quien pruebe las jugosas bayas de calafate regresará al sur”.

UN POCO DE HISTORIA

Durante el trayecto, nuestro guía, Milthon, combina historia y geografía para enseñarnos la esencia de la región, cuyos primeros habitantes  fueron los tehuelches, quienes en su propio idioma se llamaban “aónikenk”, que quiere decir “gente del sur”.

Glaciar Sur - Ruta de las Estancias (4)

Tras el descubrimiento del Estrecho de Magallanes en 1520, el mundo puso sus ojos en la Patagonia, paso natural entre los océanos Atlántico y Pacífico. Entonces, el Gobierno invitó a los ciudadanos del mundo a establecerse en la Patagonia para defender la soberanía. Por tal motivo, se designaron exploradores para conocer estas lejanas tierras. En primer lugar, se envió al Subteniente Valentín Feilberg. Luego, la tarea fue asignada al joven científico Francisco Pascasio Moreno, más conocido como “Perito Moreno”. En 1877 Moreno vislumbró el tercer lago más profundo de América, al que llamó “Argentino”.

Las primeras tierras en ocuparse fueron las más cercanas a la costa atlántica, ya que el acceso era por barco. Pero a medida que llegaban los inmigrantes, éstos se fueron esparciendo por los rincones más recónditos de la Patagonia. A principios del siglo XX, los grandes estancieros ya se habían asentado en la región.

Glaciar Sur - Monumento gauchos

A mitad de camino, nos detenemos ante el monumento que rinde homenaje a los gauchos caídos en las huelgas rurales de principios del siglo XX. “Viajero que pasas por este lujar… recuerda que a lo largo y ancho de estos territorios, en tumbas sin nombres, pero no por ello olvidados, yacen aquellos que se alzaron en defensa de sus derechos. En 1922 cayeron fusilados en la Patagonia Argentina cientos de trabajadores laneros y peones rurales de diversas nacionalidades por revelarse contra condiciones de trabajo inhumano y reclamar salarios justos. Hoy los recordamos…”, reza un cartel ubicado al margen de la ruta. La cita, perteneciente al escritor argentino Osvaldo Bayer, alude a la masacre que tuvo lugar en la Patagonia a principios del siglo pasado.

PARAÍSO DE MONTAÑA

Durante el trayecto, tenemos oportunidad de observar choiques, guanacos, zorros y chimangos, especies típicas de la región. A medida que nos acercamos a la Cordillera de los Andes, el paisaje comienza a modificarse. Tras atravesar la entrada al Parque Nacional los Glaciares, nos detenemos en la costa de Lago Roca para apreciar su magnífica superficie espejada. Minutos más tarde, atravesamos un pequeño bosque de lengas para llegar a la entrada de Nibepo Aike, una típica estancia patagónica.

Nibepo Aike

A principios del siglo XX, el croata Santiago Peso llegó a la Argentina y fundó, en sociedad con un grupo de compatriotas, la estancia La Jerónima. Por aquel entonces, estos pioneros se dedicaban a la cría de ganado ovino y contaban con una incipiente producción bovina. En 1924, durante un viaje a Río Gallegos, Santiago conoció María Martinic -también croata-, con quien se casó en 1925. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Adolfo, quien falleció al año y medio;  Radoslaba, apodada Niní; Ángela, apodada Bebe; y María, apodada Porota.

En 1936 Santiago enfermó gravemente de tuberculosis y falleció dos años más tarde. Su esposa, lejos de dejarse vencer, se hizo cargo de la administración de la estancia, con la ayuda de sus hijas. En 1947 María decidió rebautizar la estancia en homenaje a las jóvenes. De este modo, la La Jerónima pasó a llamarse Nibepo Aike, nombre conformado por las dos primeras letras del apodo de cada una de sus hijas y la palabra “Aike”, que significa “lugar” en lengua tehuelche.

Glaciar Sur - Estancia Nibepo Aike (3)

Una serie de fotografías dispuestas en el interior de uno de los galpones de la estancia recrea la historia del lugar. Allí nos unimos a un grupo de visitantes para presenciar una demostración de esquila con tijera. Luego, pasamos al quincho para degustar un exquisito cordero patagónico. Su carne, tierna y magra, es una verdadera delicia para el paladar, que amerita ser acompañada por los mejores vinos argentinos. La excelencia gastronómica combina a la perfección con el ambiente cálido, alegre y familiar que se respira en el salón.

Luego del distendido almuerzo, nos despedimos de la estancia Niebepo Aike, y de su  personal, con la promesa de regresar en otra oportunidad para explorar este deslumbrante paraíso de montaña. Caminamos hasta la costa del Lago Argentino, donde nos esperan Marcelo y Cacho para embarcarnos en una nueva aventura.

UNA VISIÓN MAGNÍFICA

Durante la navegación por los brazos Sur y Rico, disfrutamos de las espléndidas vistas que nos ofrece el Lago Argentino. Mientras atravesamos sus aguas, la emoción se apodera de nosotros. Somos los únicos espectadores de la gran obra que nos regala la naturaleza.

Glaciar Sur - Navegación (2)

Entre risas y bromas, desembarcamos en la Playa de las Monedas. Con Milthon a la cabeza, iniciamos la caminata a través de un sendero sinuoso, que nos conduce por un bosque de lengas. La “barba de viejo” nos indica la pureza del aire.

Avanzamos en fila, sigilosos, pues a lo lejos se oyen los mugidos de las vacas salvajes que deambulan por la región. Luego de unos veinte minutos, salimos a la costa, frente el mirador sur del Glaciar Perito Moreno. La visión es magnífica, imponente. Una vez más, volvemos a embarcarnos para apreciar de cerca la monumental masa de hielo.

Glaciar Sur - Glaciar Perito Moreno

Tenemos la oportunidad de presenciar desprendimientos fugaces. En sólo un instante, un gran bloque de hielo se precipita hacia las profundidades del Lago Argentino, seguido por un estruendo estremecedor que quita la respiración, para luego emerger a la superficie y dibujar una aureola blanca. Esta especie de danza se repite una y otra vez,  acompañada por el eco de los desprendimientos que tienen lugar en el Canal de los Témpanos.

Luego de semejante espectáculo, desembarcamos en el puerto Bajo de las Sombras. Antes de subir al transfer que nos llevará a las pasarelas, nos despedimos de Cacho y Marcelo, agradecidos por la extraordinaria experiencia. Con dos horas por delante, Milthon nos sugiere iniciar el recorrido por la “parte baja” para disfrutar de las distintas perspectivas del Glaciar Perito Moreno. Seguimos su consejo y ascendemos a un ritmo pausado, tomándonos nuestro tiempo para alcanzar la parte superior de las pasarelas, donde observamos cómo este gran manto helado se pierde en el corazón del Campo de Hielo Patagónico Sur.

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+info: www.glaciarsur.com | E-mail: reservas@glaciarsur.com | Tel.: (0054 – 02902) 495 – 050

 

Texto y fotos de Gabriela Naso.

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