Lago del Desierto

Después de desayunar, me despedí del equipo de Patagonia Eco Domes. Federico cargó mi valija en su camioneta y recorrimos el mismo trayecto que dos días antes, pero en sentido inverso. Me instalé en un hotel en el centro y, al mediodía, pasó a buscarme un transfer para ir al Lago del Desierto. Durante una hora y media bordeamos el Río de las Vueltas, que gradualmente dejaba atrás su color lechoso para tornarse cristalino.

Tras abonar 150 pesos a modo de “bono contribución”, ingresé a la propiedad privada donde se abría el camino hacia el Glaciar y la Laguna Huemul. Las marcas amarillas pintadas en la corteza de los árboles me permitieron avanzar a través del bosque. El terreno, en principio plano, comenzó a empinarse al llegar al mirador de la primera cascada. Luego del tercer salto de agua, la pendiente se volvió aún más pronunciada.

Las sogas dispuestas en esa parte me ayudaron a subir. Desde allí se veía la cara norte del Fitz Roy, parte del Lago del Desierto y, por último, el Glaciar Huemul. Pequeños hilos de agua se deslizaban desde la masa de hielo e iban a parar a la laguna. “¡Otro lugar para quedarse!”, pensé, mientras disfrutaba del sol y la vista.

Luego, bajé al lago y caminé por la costa. Al final de la tarde, volví al pueblo.

Texto y fotos de Gabriela Naso.

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