Ushuaia, la ciudad más austral del mundo

Partí del Aeropuerto de Ezeiza el 26 de diciembre de 2017 a las 8:30 con destino a Ushuaia. Llevaba conmigo la firme intención de cerrar una etapa y la certeza de que todo final anuncia un nuevo comienzo. Llegué al Aeropuerto “Malvinas Argentinas” de Ushuaia a las 13:20, después de una escala de media hora en Trelew. Desde el avión pude apreciar la belleza y la inmensidad del último tramo de la Cordillera de los Andes, imponente y majestuosa.

Ushuaia me recibió con un cielo encapotado y una llovizna fina que, en un principio, me resultó incómoda. “El verano es así. Llueve y sale el sol. El clima cambia cada 20 minutos”, habrían de decirme en más de una oportunidad. Salí del aeropuerto y tomé un taxi, que compartí con una argentina. Mientras el auto avanzaba, no pude evitar sorprenderme por las dimensiones de la ciudad, a la que había imaginado más pequeña. En mi mente, Ushuaia era un pequeño poblado en el “Fin del mundo”.

Ciudad de Ushuaia.

Una vez instalada, decidí que no acamparía en el Parque Nacional Tierra del Fuego, como era mi plan original, porque no me entusiasmaba la idea de quedarme sola cuando continuaba un poco enferma. Consulté en el hostel donde había reservado la primera noche si tenían disponibilidad para los dos días siguientes y me dijeron que no. Entonces, fui a Cruz del Sur, el hostel donde tenía reserva a partir del 29 de diciembre. Allí me recibieron Alejandro, Marcelo y Kren, el husky que había visto en fotos de Internet. Mientras acariciaba al tercero, le pregunté a los dos primeros si tenían disponibilidad y, por suerte, les quedaban camas. Quedé en pasar a la mañana siguiente.

Esa tarde recorrí la ciudad. Mi primera parada fue la oficina de informes del Muelle turístico para averiguar si tenían alguna excursión o medio de transporte (que no fuese alquilar un auto) para ir a ver el Desdémona en Cabo San Pablo. Ante la negativa, comencé a visitar los museos. Empecé por el jardín de la Antigua Casa de Gobierno, ubicada en Avenida Maipú 465, frente al sitio donde el Coronel de Marina Augusto Lasserre izó por primera vez la bandera argentina en Tierra de Fuego el 12 de octubre de 1884.

Declarada Monumento Histórico Nacional en 1983, la Antigua Casa de Gobierno es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad.  La histórica propiedad, construida entre 1890 y 1893,  cumplió numerosos roles dentro de la comunidad. En primera instancia tuvo por fin ser la residencia del gobernador pero en 1920 se convirtió en la Casa de Gobierno, ya que la sede de ese momento había quedado destruida tras un incendio. En 1955 se instaló allí la delegación local “Provincia Patagonia”, integrada por los territorios de Santa Cruz y Tierra del Fuego. En 1957 el edificio volvió a ser Casa de Gobierno del entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, hasta que en 1976 comenzó a funcionar allí la Jefatura de la Policía Territorial.  En 1983 fue acondicionado para convertirse en la sede de la Legislatura Territorial y, bajo la órbita del Poder Legislativo provincial, en 2002 fue restaurado y cedido al Estado provincial, transformándose en un centro histórico-cultural.

A partir del 18 de mayo de 2008 la Antigua Casa de Gobierno se transformó en un anexo y complemento del Museo del Fin del Mundo, que había sido inaugurado el mismo día pero 29 años antes como Museo Territorial. El edificio tradicional, situado en la Avenida Maipú 173, fue construido en 1903 con mano de obra de los penados del Presidio como vivienda de uso particular y, posteriormente, se convirtió en sede del Banco Nación.  

La sala principal del Museo del Fin del Mundo, que recibió su denominación actual recién en 1990, relata la historia de los pueblos originarios y los navegantes que llegaron a las costas del Canal Beagle a partir del siglo XVI. El recorrido se complementa con una segunda sala dedicada a la biodiversidad y una tercera de muestras temporarias, a las que se suma un espacio audiovisual. A través de sus salas reviví la historia de Ushuaia, cuya identidad está marcada por el paso de los pueblos originarios, los pastores anglicanos, los buscadores de oro y los presos del penal.

Dejé la visita al Museo Marítimo y del Presidio para otro día, porque estaba cerca del horario de cierre. En la costa del Canal Beagle observé los cruceros colosales que parten hacia la Antártida para llevar a quienes pretenden explorar el continente blanco. A sólo unos metros se alzaba el sitio donde el Crucero ARA General Belgrano tocó tierra por última vez, el 24 de abril de 1982, antes de que fuera hundido por los ingleses en la Guerra de Malvinas, el 2 de mayo de ese año. El ataque, que se produjo cuando el Crucero se encontraba fuera del área de exclusión, generó el hundimiento del navío y la muerte de 323 argentinos.

Mis pasos me llevaron de vuelta al Muelle turístico, donde me saqué la típica foto con el cartel del “Fin del mundo”.  Continué hasta el Monumento a los Antiguos y Pioneros Pobladores de Ushuaia, dejé atrás la parada de buses y bajé a la Avenida Prefectura Naval Argentina para ver el antiguo remolcador “Saint Christopher”, cuya figura se reflejaba en las aguas del Canal Beagle. Seguí por la costa hasta llegar a la Plaza Islas Malvinas y el memorial en honor a los caídos.

Monumento a los Antiguos y Pioneros Pobladores de Ushuaia.
Monumento a los Antiguos y Pioneros Pobladores de Ushuaia.
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Desde pingüinos que caminan por la vereda, hasta caricaturas de presos famosos, los murales de la Avenida San Martín, que reúne buena parte de la vida comercial de la ciudad, rescatan la historia y la identidad de Ushuaia. Ver el retrato del periodista, escritor y militante Rodolfo Walsh, desaparecido por la última dictadura cívico militar el 25 de marzo de 1977, en la fachada del edificio de Radio Nacional fue una buena señal.

Texto y fotos de Gabriela Naso.

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